No sé si será una bendición… yo desde luego le tengo aprecio a esta habilidad innata que tengo para paladear diferentes momentos de la vida cotidiana. Como quien paladea un buen café, llevando el gusto de alante a atrás en el paladar y deja que sus pensamientos se enreden y mezclen con su aroma intenso. Tengo esa capacidad para exprimir ciertos momentos que me acompañan.

Me levante pensando en una partitura musical, una melodía de piano donde la mano derecha toca melodías a modo de filigranas, pespuntes o divertimentos acústicos con notas de variados matices. Mientras, la mano izquierda acompaña con la austeridad de tres notas inamovibles y agónicas.

La mano derecha alborota con trepidantes escalas. La izquierda arpegia o mantiene invariable lo promesa de acorde mayor o la nostalgía de uno menor. No puede haber dos planteamientos más diferentes, casi parece que no pertenezcan a la misma pieza musical, y sin embargo todas las composiciones que existen se componen de una manola derecha y una sustentación con la izquierda.

Seguí enredándome mentalmente y vi lo diferentes que podían parecer las 24 horas del dia, con una vida frenética y atropellada durante las horas de luz, y con una quietud necesaria durante el periodo de luna. El dia toca con la mano derecha, en clave de sol. La noche acompaña con la mano izquierda, en clave fa.

Una persona nocturna, sabiendo de mi marcada diurnidad me preguntó: Podemos llegar a esperar algo de esta mezcla? Me quedé pensativo…  pero no conteste, y sin querer esa noche me despedí con un: “Que sueñes en clave de Sol”.