Cuando decidí dejar de fumar, lo intenté todo.

Primero me fijé en otras adicciones, y en una película donde aparecían alcohólicos anónimos, vi que les daban una chapa con el número de días que llevaban sobrios… que idea tan buena! Y donde encuentro yo chapas de estas?

Pues al final las encontré en las chapas que hay para jugar al poker. Me hice con un juego de 1, 5, 10, 20, 25 y 50. Les hice un agujero con un taladro y pensaba ir colgándomelas del cuello conforme fuesen pasando los días. Nunca pasé de la ficha del 5.

También intenté los chicles, pero me daban acidez de estómago. Luego me pasé a los parches, por lo que tuve que afeitarme el pecho… y en maldita hora se me ocurrió la idea. Luego pasé a ponerme lo parches en la espalda… pero en aquel estudio sin aire acondicionado donde vivía en Madrid el verano era implacable… y siempre que me despertaba aparecía el parche colgando del pijama o las sábanas.

Lo siguiente fueron las pastillas. Un chorreo de contraindicaciones y efectos secundarios con transtornos de la personalidad incluidos. Yo mi imaginaba que un día me levantaba sin tener ganas de fumar, pero con ganas de invadir Dinamarca como Napoleón. Realmente tenía efectos secundarios, se me ponía una mala leche y se me hinchaba la vena de la frente. Nunca supe lo mucho que me alteraban hasta que casi protagonizo la segunda parte del campeonato del mundo de los pesos pesados  como  Mike Tyson y el incauto taxista que me llevaba como el vetusto Foreman. Decidí dejarlas también, nunca me ha gustado la oreja.

Luego llego el libro, dejar de fumar es fácil si sabes cómo… el título era toda una provocación. Pero me hizo gracia, tenía buenos argumentos y me sorprendió pues esperaba un tratamiento apocalíptico… pero no. Eso si, cuando empezó a sacar a la venta, adelgazar es fácil si sabes cómo, y una retaíla mas… pensé que este si que se esta haciendo de oro… y aunque sabía cómo, no lo iba a contar.

Viendo las noticias echaron un reportaje sobre el programa de desarrollo de países productores de petróleo, un eufemismo de timo llamado Petróleo por alimentos. Vaya engañifla, a quien se le ocurrió? A Allen Carr? Pero me dio una idea… cigarrillos por sexo.

Se lo planteé a Leticia sin tapujos, por cada cigarro que reduzca diariamente, un polvete de más. Y aceptó sin pensar. Ingenuo de mí pensé que… si había empezado a fumar por una mujer… por otra mujer dejaría de fumar. Con el tiempo he llegado a entender que empecé fumar por estupidez, y que Leticia se hizo la estúpida con la lamentable proposición de más sexo que le hice, creo que hubiese aceptado incluso por la venta de parrayos en el Sahara.

Y tampoco funcionó… pero fue el más agradable de todos los intentos.

Un día dejé de fumar, no me costó, no tuve mono y me olvidé de aquél vicio asqueroso como quien se despierta sin acordarse de qué ha soñado.

Las mujeres son unas criaturas dignas de contemplar, con el mismo hipnotismo con el que nos sorprenden los peces de un acuario, vale la pena sentarse y solo mirar. Tienen cientos de sonrisas, miles de pequeños gestos que las delatan, y algunas tienen un hechizo tan potente que casi es imposible apartar los ojos de ellas.

Hay incluso un tipo de mujer que cuando te precipitas quitándole la ropa hacia un sexo frenético e improvisado, notas como su cabeza va maquinando en segundo plano como no mostrar lo que ella cree que son defecto… si me quito yo el pantalón no notará la celulitis… con la luz apagada que no estoy segura de estar bien depilada… cientos de preguntas que les cruzan a toda pastilla de sien a sien y que tienen como objetivo ocultar los pequeños defectos que ellas cree que tienen. Es gracioso, porque nosotros nunca nos daremos cuenta, y menos en esos momentos de desenfreno.

Sin embargo, una vez que todo ha acabado, lucen su desnudez sabiéndose la mujer más bella sobre la faz de la tierra. Ya no le importa nada y pueden quedarse hablando contigo mientras te apuntan con sus pechos. Son una reencarnación momentánea de Afrodita, su pelo huele distinto, sus bocas saben distintas y la luz parece resbalarse por sus muchas curvas.

Me quedé contemplando a Leticia desnuda, mirándome con esa media sonrisa… y me encendí un cigarro. Ella se levantó y fue al sinfonier a por una camiseta mía de baloncesto, le llegaba hasta las rodillas. En la penumbra vino a buscar me, y se sentó en mi regazo. Apagué el cigarrillo y volví a oler su pelo, se enroscó sobre mi cuello y apoyo su oreja contra mi corazón. Y dijo: Siempre suena tan fuerte…

Ese fue el momento… justo ahí me di cuenta. Yo quería más momentos como aquel, y los quería todos… los que pudiera tener con ella, con mis padres, con mis hijos, con mis compañeros de trabajo, con mis alumnos… quería todos los que en ese se me ocurrían y los que aún ni siquiera era capaz de imaginar. Que hacía regalándolos por… humo?!?

Me di cuenta entonces de que si seguía fumando, estaba renunciando a ellos. Y lo que era más importante, luego ya no habría tiempo de volver atrás. Cuando tuviese 20 años más, la muerte no iba a venir a negociar conmigo, la imaginaba diciendo: Si solo fumas 10 cigarrillos al día llegarás a conocer a tu nieto. Aquella visión me golpeo, me aturdió y comprendí que estaba apostando en una partida de poker, sin saber las cartas de mi adversario… e incluso sin saber las mías. A que estaba renunciando por seguir fumando?

Luego igual de duro, me sobrevino otro pensamiento. Daba igual a lo que estuviese renunciando, sabía que si dejaba de fumar, fuera lo que fuese lo que el destino me tuviese preparado… llegaría a conocerlo.

Ese fue el momento en que dejé de fumar, de un garrotazo brutal de los que solo la lógica se atreve a presumir. Leticia quedó encantada, cuando le dije que quería dejar de fumar por disfrutar de más momentos como aquel, y aún se quedó más impresionada cuando vió que después de intentarlo con todo, al final fue por ella por quien lo dejé.

Pero al igual que aquella noche supe como dejar de fumar, con la misma nitidez supe que… ella no sería protagonista de los momentos por los que quería seguir viviendo sin humo.

 

Y nunca lo supo…